9 feb. 2016

Un mes en el norte de Italia (parte II)


Buenos días, hoy quiero seguir contándoos mi experiencia en el norte de Italia del verano pasado, para saber cómo conseguir llegar hasta allí y en qué consistía el acuerdo os recomiendo que os paséis por la parte I. 

Como ya os conté la pequeña eco-granja se encontraba en la minúscula población de Cassina Valsassina, cerca de Lecco, una zona preciosa para hacer caminatas, treking y eskí en invierno. El verano es fresco, muy agradable y húmedo, llovía algunas mañanas pero sentaba muy bien y los árboles y plantas estaban llenas de flores y frutos, a pesar de haber acabado ya la temporada.
En Mezzacca, el Agriturismo Signur (AKA nuestro hogar) es un lugar donde la gente va a recoger frutas con sus propias manos (muchas familias con niños) y a comprar mermeladas, vinagres y grapa hecha con las frutas silvestres que allí crecen, todo ecológico y espectacular.

Cada mañana al despertar muestra primera tarea era dar de comer de beber a los animales y limpiar un poco sus barreños y "casitas". Había 4 burras a las que adoraba, súper cariñosas y deseando vernos para que les diéramos un poco de pan y las cepillásemos. Además contábamos con 4 preciosas ocas, un buen puñao de gallinas y 9 pollitos, un gallo enorme y precioso, un montón de gallinas guineanas (los animales más tontos que he visto en mi vida) y 9 gatos que vivían por allí también, con algún que otro visitante más.

Nuestros anfitriones Etien y Gigi cuidan del lugar, cocinan y venden sus productos y además tienen un par de habitaciones que rentan a los eskiadores o deportistas que por allí pasan y durante primavera y verano tienen un pequeño restaurante ecológico que abren sólo los fines de semana y donde pude aprender muchísimo sobre la gastronomía del norte de Italia: crepes con gorgonzola y calabacín, polenta, estrudel, guisos con carne de burro, quesos exquisitos que no había probado jamás...fueron algunos de los platos e ingredientes que tuve la suerte de probar allí. A mi me encanta la cocina, y ésta experiencia fue muy especial, coger los productos directamente de los preciosos y grandes huertos, también flores y hojas que freíamos y cocinábamos...en fin, una pasada.

A medio día entre semana cocinaba Gigi, normalmente pasta, y verduras (es vegetariano), algunas veces comíamos pescado y carne también, yo soy una gran fan de la pasta, y después de recoger frutas, podar o alimentar a los animales sentaba estupendamente.
Casi a diario hacíamos café después de comer y disfrutábamos de la sobremesa, charlando sobre historia, política, tradiciones...aprendiendo y mejorando nuestro italiano y disfrutando de las historias de nuestros anfitriones, ambos muy interesantes.
Después trabajábamos otro rato y a las 6pm como mucho ya estaba la jornada más que terminada, entonces aprovechábamos para dar una vuelta, ducharnos, leer y relajarnos. Por la noche cocinábamos en los fantásticos fogones del restaurante, ya que nosotros vivíamos encima, en el precioso edificio que veis en la foto y que Gigi había construido solo tres años antes. Las cenas eran por nuestra cuenta, aunque los ingredientes los proveían ellos y todo lo que sobraba del restaurante estaba a nuestra disposición.

Hemos tenido la oportunidad de conocer a grandes personajes, el cocinero, Walter, un tipo campechano y super divertido, cocinero del equipo oficial de eskí italiano y de la familia Berlusconi cuando pasaban por la zona. Un hombre de campo, moreno y arrugado y con muchísima vitalidad.
La cuñada de Gigi y el hermano, con los que fuimos de pesca y una noche nos invitaron a cenar a su casa, desde la que se veía todo el lago di Como y las pequeñas poblaciones de alrededor.

Con algunos de ellos conocimos parajes que ni en sueño hubiéramos encontrado por nuestra cuenta, ir con un local tiene muchas ventajas y pudimos conocer una Italia desconocida y preciosa a la que sin duda volveré en cuanto tenga la oportunidad.

En el tercer y último post como siempre os daré todas las recomendaciones y tips que aprendí con esta experiencia. ¡Hasta más ver!
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